Las violaciones crecen este año en Aragón más que en todo el país

En: Asociación Las aguadoras En: sábado, mayo 12, 2018 Comentario: 0 Hit: 42

BALANCE DEL MINISTERIO DEL INTERIO

El grado de reincidencia de los agresores sexuales supera el 30%, según los expertos . Se denunciaron 7 de enero a marzo frente a 2 en el 2017, en España crecieron en un 28%

Protesta ayer el Zaragoza por la sentencia de 'La manada' - JAIME GALINDO

Protesta ayer el Zaragoza por la sentencia de 'La manada' - JAIME GALINDO

F. MANTECÓN / L. M. GABÁS
11/05/2018

Más allá de la polémica sentencia de La manada y el interés mediático y social, las violaciones y su auge son un problema que constatan también las estadísticas de criminalidad del Ministerio del Interior. Lo son en toda España, donde en el primer trimestre del año han aumentado un 28%, y particularmente en Aragón, donde porcentualmente han aumentado más que en ninguna otra comunidad autónoma, un 250%.

La explicación es que las cifras fueron y se mantienen bajas, con 2 agresiones sexuales con penetración entre enero y marzo del año pasado, que este año fueron 7. Pero no conviene minusvalorar el problema ni la tendencia, teniendo en cuenta que el año pasado ya crecieron un 35% en la comunidad, de 20 en el 2016 a 27, y también en España, un 10%, de 1.249 a 1.382.

En el caso de Aragón, este año, la gran mayoría se han concentrado en Zaragoza capital, con 6 casos, habiendo ocurrido el séptimo en algún municipio de la provincia de Huesca (que no se determina, ya que las estadísticas solo reflejan los datos provinciales y por ciudades de más de 30.000 habitantes).

AUGE GENERAL 

Las violaciones son la manifestación más grave de un tipo de delitos, los sexuales, que crecen a nivel general. Aquellas pueden variar como sucede con los asesinatos, que dependen de múltiples factores (este año, por ejemplo, no se ha producido ninguno en la comunidad), pero en cualquier caso las 7 son el registro más alto de los últimos años, según los datos que ofreció la Delegación del Gobierno en Aragón. En el 2015 fueron 6 y en el 2016, un total de 5, durante el primer trimestre.

Pero dejando a un lado su variabilidad, el aumento se inscribe en un crecimiento general de los delitos sexuales, en Aragón y en España. En todo el país, el auge ha sido del 13,8% en tres meses, y en Aragón del 28%, pasando de 56 a 72 denunciados. Fuera de las violaciones queda un amplio espectro de infracciones, desde el acoso al abuso, el exhibicionismo o el proxenetismo, cuyo crecimiento global se constata en los últimos datos. No se puede hacer a más largo plazo porque hasta el año pasado no se detallaban; se ha hecho para adaptar la estadística pública española a los estándares europeos, a efectos de comparación. Comprobado el aumento de estos delitos, cabe preguntarse sus causas.

Para el psiquiatra forense, José Carlos Fuertes Rocañín, la explicación de este incremento responde a dos variables muy diferentes. La primera, la positiva en opinión de este médico, es que muchas víctimas han perdido el miedo a denunciar que han sido violadas. «Es una cuestión sociológica, pero que se comprueba en la consulta, porque muchas de estas mujeres te dicen que se sienten arropadas cuando ven que las calles se llenan al grito de Hermana, yo sí te creo». Añade también que las campañas informativas realizadas por las diferentes instituciones también ayudan a ello.

ALCOHOL Y ENTORNO

La otra variable que incide en este delito, según Fuertes Rocañín, responde al alto consumo de sustancias estimulantes, bien sean drogas ilegales o alcohol. «En gran parte de los casos que se dan en la actualidad están presentes los estupefacientes o las bebidas alcohólicas, puesto que los agresores son propensos a emplearlas porque necesitan desinhibirse en sus relaciones sociales», destaca.

A ello añade «la trivialización sexual en la que está sumida la sociedad». «Falta educación, puesto que está instalada la idea de que el macho tiene mayor capacidad de dominio sobre la hembra, algo que parece de otros tiempos, pero que sigue muy vigente», asevera.

De hecho, señala al consumo de determinados contenidos pornográficos como una consecuencia de la «cosificación de la mujer». Eso sí, lo relaciona con un perfil de hombre muy determinado en el que el grado de inmadurez es muy alto. Una realidad que, según este doctor, se relaciona «con el descenso de la edad en los autores y víctimas en los delitos contra la integridad sexual».

Este psiquiatra forense resalta que el agresor sexual puede definirse como una persona «narcisista, con nula tolerancia a la frustración y muy impulsivo». Una singularidad que se observa, a su juicio, en el caso de los cinco miembros de La manada. «Hemos llegado a un punto de hedonismo en el que una persona está cometiendo un delito, sabe que lo es, pero decide inmortalizarlo en las redes sociales o compartirlo con sus amigos», afirma este doctor.

GRABACIONES

 Un exhibicionismo que no solo está presente en los agresores sexuales, tal y como apunta Fuertes Rocañín, ya que se ha observado en asesinos como el de Pioz –mató a su familia en Guadalaja y se hizo unos selfies junto a los cadáveres descuartizados– o en los vándalos que queman contenedores y a los que se les detiene con fotografías de sus fechorías en sus terminales móviles. Es el caso del pirómano del Arrabal, en la capital aragonesa, al que la Policía Nacional arrestó por una veintena de quemas de contenedores.

Fuertes Rocañín añade que en el perfil de agresor sexual la psicopatía «no está generalizada» aunque hay casos en los que el autor sí que la sufre. Este se observa en los violadores en serie y en las agresiones entre personas del mismo sexo. No obstante, resalta que la mayoría de los abusadores múltiples suelen ser «hombres que se consideran apartados de la sociedad, que tienen algún tipo de trauma con la figura femenina y una falta de autoestima importante».

Sobre la reincidencia de los agresores sexuales, Fuertes Rocañín destaca que los estudios marcan un ratio tan amplio que va desde el 30 al 70%. Él, por su experiencia, se posiciona en los índices más altos y lo achaca a la forma de combatir «los desequilibrios conductuales».

Lamenta que los internos en las cárceles españoles «no están obligados a recibir tratamientos para evitar que cuando salgan a la calle vuelvan a cometer el mismo delito». «Muchos lo hacen porque saben que van a conseguir permisos para salir al exterior más rápido, pero al no hacerlos de una forma convencida no les sirven de nada», critica. Por ello, propone que «no sean terapias grupales y que haya un seguimiento cuando cumpla la pena».

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